La industria tecnológica acaba de cruzar el Rubicón financiero. Esta semana, los reportes de ganancias del primer trimestre de 2026 han dejado una cifra que marea a los analistas: las “Big Tech” planean inyectar más de 620.000 millones de dólares en infraestructura de Inteligencia Artificial este año. Para ponerlo en contexto, estamos hablando de un gasto superior al Producto Interior Bruto de la mayoría de las naciones europeas.
Sin embargo, Wall Street ha respondido con un mensaje contradictorio: el optimismo tecnológico ya no basta; ahora se exigen billetes sobre la mesa.
El “All-In” de Amazon: Construyendo el sistema nervioso del futuro
El gran protagonista de la jornada ha sido Amazon. Con una inversión proyectada de 200.000 millones de dólares, la compañía de Jeff Bezos está ejecutando el mayor despliegue de capital en la historia de la empresa privada.
Pero no se trata solo de comprar chips a terceros. Amazon está apostando por su propia soberanía tecnológica con el desarrollo masivo de sus chips Trainium 3 y la integración de su constelación de satélites Project Kuiper. El objetivo es claro: una IA que no dependa de cables terrestres ni de proveedores externos. Aun así, el mercado no perdona: sus acciones cayeron un 10% tras el anuncio, reflejando el pánico de los inversores ante unos márgenes de beneficio que se estrechan cada vez más.
El ROI: El elefante en la habitación
¿Por qué si las empresas ganan más dinero que nunca, sus acciones caen? La respuesta está en el Retorno de Inversión (ROI).
Mientras que en 2024 y 2025 bastaba con mencionar la palabra “IA” para que las acciones subieran, en 2026 los inversores están aplicando la lupa. Mantener la “Nube IA” es hasta seis veces más caro que la computación tradicional. Microsoft y Alphabet (Google) están atrapados en una carrera armamentística donde deben gastar miles de millones solo para no quedarse atrás, aunque la monetización de sus asistentes (como Copilot o Gemini) avance a un ritmo mucho más pausado.
“Estamos en la fase de las infraestructuras ferroviarias. Todo el mundo está poniendo vías, pero pocos están cobrando todavía los billetes del tren”, comentan analistas de Rothschild & Co.
Meta: La excepción que confirma la regla
En medio del mar de números rojos, Meta (Facebook/Instagram) ha logrado lo imposible: gastar 135.000 millones y ver cómo sus acciones suben un 10%. Mark Zuckerberg parece haber descifrado el código. A diferencia de sus competidores, Meta ya está usando la IA generativa para algo que genera dinero hoy mismo: la hiper-personalización publicitaria. Si la IA te muestra exactamente el producto que ibas a comprar antes de que supieras que lo querías, el gasto en servidores se paga solo.
¿Hacia dónde vamos?
El 2026 será recordado como el año en que la IA dejó de ser una promesa mágica para convertirse en un balance contable. El “Escuadrón de la Escasez” —empresas como Nvidia y las compañías de refrigeración líquida— siguen siendo los grandes ganadores, absorbiendo el flujo de caja que sale de las Big Tech.
La pregunta que queda en el aire es: ¿Cuántos trimestres más aguantará Wall Street este nivel de gasto antes de exigir que la IA empiece a pagar sus propias facturas?
